jueves, 10 de marzo de 2011

Frenar el mercado y detener la especulacion

Alza de precios de los alimentos
Frenar el mercado y detener la especulación
                                                                                                Oscar Lépiz Villegas
El problema de los altos precios de los alimentos está en el mercado y su lógica, el cual los ha convertido en una vulgar mercancía globalizada, en un negocio, con el  que se puede especular; mercancía, sometida a precios que suben y bajan, según la ley sagrada de la oferta y la demanda, ante la cual se impone un silencio reverencial sacrificando como siempre a los más pobres, hasta que el dios mercado lo tenga a bien.
El Fondo Monetario Internacional, portavoz del mercado, propone a los gobiernos de naciones pobres concentrase en medidas de protección social que favorezcan a los hambrientos, y eviten que los altos precios de los alimentos se manifiesten en un ajuste monetario o en el alza de otros productos.
Ante esta situación, grave ya en algunos países pobres, el gobierno de Costa Rica no cuenta con ningún plan, según nota publicada en la Nación, y además tiene poco margen y pocos recursos para actuar, según él, debido al serio déficit fiscal, que le imposibilita bajar impuestos a importaciones o colaborar con subsidios.
Algo my importante a tener en cuenta es que los precios suben, no porque haya escasez de alimentos, sino  por la especulación y falsos rumores favorecidos por el mercado y su lógica. Atención que según últimas noticias esos precios seguirán subiendo, debido al “alza del petróleo, causado por la situación de Libia”.
 Escasez de alimentos o especulación
Ante el nuevo record histórico alcanzado por Índice para los  precios de los alimentos que en enero de este año alcanzó los 231 puntos promedio, frente a los 120 del 2007, muchos se preguntan, ¿qué está pasando? ¿Realmente hay escasez de alimentos, o se trata de una movida más de la mano invisible del mercado y su lógica para subir sus precios?
No es cierto que haya escasez de alimentos, los hay y ha habido, incluso en años de crisis. Lo grave y vergonzoso de este problema es que se ha dejado la tarea de llenar los estómagos de la gente, en manos del mercado y su lógica, convirtiéndolos así en una mercancía, en un negocio más, y poniendo en grave peligro la vida las mayorías.
La realidad es que no existe un peligro verdadero de escasez, sin embargo, el mercado en su desesperación por hacer cada vez más dinero a favor de las grandes empresas, actúa como si existiese.
Según declaraciones de la FAO en los últimos diez años no ha habido riesgo de escasez de alimentos, y las reservas actuales  garantizan comida, incluso teniendo actualmente un déficit de 34.4 millones de toneladas.
En una declaración del Parlamento Europeo del pasado mes de enero, relacionada con el alza de los precios de los alimentos, se puede leer que “estos acontecimientos en parte son provocados por los principios básicos del  mercado de la oferta y la demanda, consecuencia en buena medida de la especulación, responsable de casi el 50% de los recientes aumentos”.
Es importante destacar que durante el 2010 se destinó en Estados Unidos, país que cosecha el 40% de la producción mundial del maíz, el 35% de ese grano a la producción del bioetanol como agrocombustible; lo que significa que el 14% del maíz mundial se dedicó a la “alimentación” de carros. En una sociedad consumista, lo que importan son las cosas, los autos y no las personas.
Así que alimentos hay, y  para todos, pero el que decide quiénes comen es el mercado, y eso es lo que estamos permitiendo. ¿Dónde está el estado para poner orden, y decidir qué se debe hacer?


Realidad del problema
Prestigiosos organismos internacionales calcularon que más de 26 millones de personas, sólo en América Latina, podrían caer en la extrema pobreza por el alza de los pecios de los alimentos.
En  relación con Centroamérica se calcula que entre un 15 y un 22% de su población vive en pobreza extrema, y que unos 10 millones de personas se verán afectadas por la crisis alimentaria. Atención Gobierno con los costarricenses pobres.
Información de la Agencia Reuters señala que gobiernos centroamericanos afectados por el alza de los precios de alimentos están recortando aranceles a la importación, congelando precios y concediendo subsidios para tratar de evitar el impacto de esta nueva crisis. ¿También Costa Rica?
Según el Banco Mundial el incremento de precios de los alimentos reaparece como una amenaza al crecimiento y la estabilidad social mundial, arrastrando  cerca de 44 millones de seres humanos a la pobreza.
Asegura el organismo que los precios subieron en un 15% entre octubre del 2010 y enero de este año, incrementándose en un 29% con relación al  año anterior. Robert Zoellick, presidente del banco ratificó que “esta alza de precios está lanzando a millones a la pobreza, especialmente a los más vulnerables, que gastan más de la mitad de sus ingresos en comida”.
Entre los alimentos que han mostrado un aumento particular están el trigo que se ha duplicado en los últimos seis meses, el azúcar con un aumento del 20% y el maíz con un 73%. ¿Qué repercusiones tendrá esto para el país? Por la actitud del gobierno parece que ninguna.
Aconsejó para mitigar los efectos de estos incrementos “la extensión de programas de seguridad alimentaria, la supresión de las restricciones a la importación y la reducción del uso de tecnologías biocombustibles”. Contrario a lo declarado por algunos expertos de relacionar las revueltas en países árabes con estos fenómenos, Zoellick no lo hizo y sí reconoció que no de enfrentarse la crisis alimentaria “ésta podría utilizarse para aumentar la presión sobre sistemas políticos frágiles y sumarse a los motivos de las protestas”. Mientras muchos están preocupados por llenar los tanques de sus vehículos con biocombustibles, millones luchan por llenar sus estómagos, concluyó.
Algunos economistas afirman que estos productos que suben de precio a gran velocidad junto con los terrenos más fértiles comprados por grandes inversionistas para la producción de biocombustibles, se convierten en inmensos negocios, que dejan  así cada vez menos terrenos para la producción de alimentos de primera necesidad.
Agregan que como se ve el problema es grave  y de difícil solución. Sería bueno declarar leyes de carácter mundial que garanticen un uso ético de los alimentos en caso de excedentes de producción.
Para Juan Guahán, analista de Question Latinoamericana el alza de precios y el desempleo son grandes y graves problemas que se encuentran presentes en las actuales rebeliones populares de Túnez, Egipto, Libia y Marruecos, y otros que pueden aumentar esta lista. ¿Costa Rica?
Resalta el analista que en países en crecimiento y en sectores más pobres, entre el 60 y 80% de los ingresos se destinan a la alimentación, mientras que en países desarrollados y los grupos de mayores ingresos la cifra se reduce al 10 y 20%. Es por esto que el incremento en la harina o la leche para las poblaciones de menores recursos puede ser causa de muerte para muchos, especialmente para niños
En los últimos cinco años los, los precios de los alimentos se han incrementado exageradamente, aumentándose en igual proporción el número de los hambrientos, situación que ha llevado a unos cien millones de persona a estado de pobreza extrema.
Lo cierto de todo esto es que siguen siendo los pobres los que se llevan la peor parte, pero esto no debe seguir  así. Los alimentos, y de buena calidad, deben ser también para ellos. Que  esto lo tome en cuenta el Gobierno.
¿Qué pasa en nuestro país?
Sea anuncia  en los medios  incrementos en maíz, trigo, soya, leche y materias primas importadas por el país casi totalmente, y sus efectos ya se sienten. El trigo para hacer nuestro pan de cada día, valía un promedio mensual de $215.64 la tonelada, en enero de este año se valoró en $374.93. Se está a la espera que la empresa Molinos de Costa Rica realice un aumento del 20% en la harina, lo que afectaría las pastas, las galletas y el pan, tocándole al pueblo escarbar en sus bolsillos para “encontrar” algunas monedas más para pagar ese aumento, y a lo mejor, el de otros productos.
Medidas anunciadas por el gobierno para evitar una nueva crisis alimentaria y controlar esa alza de precios están dirigidas a invertir más en tecnología para mejorar la producción. Los ministerios de Agricultura y Economía trabajan conjuntamente para determinar las medidas a tomar en caso de que  los precios de los alimentos básicos se disparen.
Lo cierto es que el Gobierno no cuenta con ningún plan para enfrentar esta situación que ya azota a otros países, y su margen de acción es mínimo, debido al alto déficit que no le permite bajar impuestos a importaciones y a colaborar con  grupos vulnerable con subsidios. Eso es lo que él dice.
El vicepresidente Liberman declaró que habría que ver cuán permanente es el shock, y ver las cosas con cuidado, pues es “mejor pecar de prudentes, porque se pueden crear distorsiones que luego son difíciles de quitar.” ¿De quién depende que ese shock no sea permanente para avisarle?
El ministerio de Economía, según la ministra Antillón lo que hace es mantener un monitoreo sobre los precios de los alimentos; entretanto Gloria Abrahán, ministra de Agricultura explicó que “las políticas deben dirigirse hacia una inversión en tecnología e innovación agrícola para mejorar el rendimiento, no sólo en granos, sino en todos los productos que contribuyan a la seguridad alimentaria.
Por su parte el gerente del Banco Central, Félix Delgado explicó que se mantiene una evaluación permanente de estos acontecimientos para medir su evolución e impacto, y así definir una actuación razonable sin incurrir en grandes costos.
Algunos críticos  han calificado estas propuestas del gobierno de poco serias, insistiendo que lo primario sería luchar por la soberanía alimentaria del país, como prioridad necesaria, correcta y urgente.
El por qué del alza
Para los más simplistas la responsabilidad es de la naturaleza con sus huracanes, inundaciones, sequías y granizadas.  Para muchos economistas la causa principal de estas alzas se encuentra en la política de sectores financieros que le dieron a los alimentos el vulgar trato de mercancía, objeto de especulación. Otros atrapados por una visión economicista  culpan a la oferta y la demanda de esta crisis de los alimentos que está afectando a millones, más allá de los mil millones de hambrientos que padecen hambre todos los días.
Para los analistas Egidio Bruneto y Joao Setedile el asunto es más complicado por lo que enumeran once elementos que causan estos problemas.
Comienzan con el control oligopólico que ejercen unas pocas empresas que imponen precios independientemente del costo real de la producción. Sigue la especulación de grandes inversores en bolsas que han convertido los alimentos en prósperos negocios, seguida por la especulación financiera de grandes bancos que invierten sus capitales volátiles en mercancías agrícolas para protegerse de la crisis mundial.
Otros elementos que agregan son el elevado costo de transformación de millones de toneladas de cereales en proteína animal, terminando parte importante de la producción de vegetales alimentando animales. La privatización de servicios públicos, como el agua y la electricidad usados en agricultura, que terminan en manos de transnacionales, lo que repercute en el incremento de costos en el precio final.
Le siguen las legislaciones ambientales de sanidad y patentes aprobadas por gobiernos neoliberales, como consecuencias de los TLC, que favorecen el control oligopólico de empresas transnacionales sobre la mayoría de productos agrícolas,  y que tienen el poder de imponer precios; la Ley general de la OMC, que a partir de 1944 transformó los alimentos en mercancías, y la propiedad privada de  las semillas transgénicas  en manos de transnacionales.
Finalmente los grupos de capitalistas y de grandes empresas que emigraron al hemisferio sur que se apoderaron de recursos, como, el agua, tierras y reservas de maderas, expulsando a las poblaciones nativas e imponiendo la regla general del capitalismo. El último elemento es la globalización de los precios de los alimentos que desestima el costo real de la producción e impone un precio mundial controlado por las grandes empresas.
Algunos expertos agregan como causa de mayor peso el incremento exponencial de la clase media mundial, sobre todo en países como la India y China, lo que ha acelerado la demanda y consumo de alimentos y el incremento de precios.
El suizo Jean Ziegler, ex relator de la ONU para el Derecho de la Alimentación, sostiene, que los agrocombustibles pueden ser un crimen contra la humanidad, ya que para producirlos se dedica tierras y alimentos para alimentar vehículos, sacándole la comida de la boca al pueblo. Destaca que solo para producir cinco litros de etanol se requieren 230 kilos de maíz, cantidad suficiente para alimentar a un niño durante un año.
¿Qué hacer?
Lo que debe privar es el derecho a la vida y a la alimentación, y no el mercado y su lógica.
La prioridad deben ser las personas, las mayorías, el pueblo, los más vulnerables, los niños, los ancianos y las mujeres, y esto no debe entrar en los cálculos económicos. La economía debe estar al servicio del pueblo.
Aquí es donde se requiere una acción fuerte y decidida del Gobierno; el mercado hay que ordenarlo y ponerlo a raya. Hay que asegurar la soberanía y seguridad alimentaria, como primacía necesaria, correcta y urgente. Esto significa que nuestro país debe desarrollar las condiciones para producir en nuestros campos los alimentos necesarios, garantizando así energía saludable para la alimentación y reproducción de la vida, exportando el excedente e importando lo que está más allá de la canasta básica.
Por supuesto que no tiene ningún sentido ni valor lo que están  haciendo las transnacionales; convertir el planeta tierra en un único y gigantesco supermercado a base de soya y maíz transgénicos.
El Gobierno, con la ayuda de todos y por supuesto con  la valiosa colaboración de las Universidades públicas y privadas, lo que tiene que hacer, entre otras cosas, es regular el mercado y frenar la especulación. Simultáneamente podrá enfocarse en la creación de programas de protección social que ayuden a los más pobres, fijando medidas monetarias que minimicen el  impacto de los precios, así como ir estableciendo políticas que garanticen la soberanía y seguridad alimentaria para toda la nación, entre otras cosas. Pero lo primero, lo vital es la regulación del mercado y la detención de la especulación.

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