lunes, 16 de agosto de 2010

Hambre de millones

Hambre de millones

Oscar Lépiz Villegas



Un mundo sin personas que mueran de hambre es posible
Otro mundo con alimentos para todos es necesario



Mientras más de 888 millones de personas mueren de hambre en el mundo, otras 800 millones padecen sobrepeso u obesidad.

Mientras cada cinco segundos muere de hambre un niño en el planeta tierra, según denuncia de las Naciones Unidas, en los Estados Unidos, uno de cada cinco niños es obeso peligrosamente.

Muchos mueren por hambre y otros corren el riesgo de morir por exceso de comida. Son 10 millones de seres humanos los que mueren cada año por causa de hambre o por enfermedades derivadas de la malnutrición.

La gran contradicción, injusticia y vergüenza radican en el que el mundo produce comida en abundancia para satisfacer a todos los habitantes del planeta.

Entre tanto los gobiernos de los países ricos continúan enriqueciéndose pagando lo que quieren por las materias primas provenientes de naciones pobres, y “donando” unos $50 mil millones al año para mitigar el hambre. Mientras esto sucede el presupuesto del gobierno norteamericano para financiar la invasión a Irak duplica aquella cantidad.

Otras cifras para la reflexión

Según Leonardo Boff teólogo de la Liberación unos 1400 millones de seres humanos viven en tiempos de barbarie, con menos de $1 al día, porque en el mundo hay carencia de solidaridad.

De esa cantidad millonaria de sobrevivientes, las dos terceras partes son niños y jóvenes menores de 15 años.

Es vergonzoso que el 20% de la población mundial se apropie y disfrute del 80% de los alimentos, mientras que el 80% restante apenas cuente con el 20% de aquellos recursos (casi siempre migajas). Esa apropiación es desigual, injusta, vergonzosa y pecaminosa.

El hambre en el mundo, entre otras cosas, se da por la incompetencia y corrupción de los gobiernos, por las plagas, catástrofes, por el subdesarrollo, el pago de la deuda, la precariedad del empleo y el desempleo y por el egoísmo, la injusticia y la falta de solidaridad de los que se creen buenos.

La ausencia de hermandad y solidaridad agravan esta terrible situación. Vivimos un modelo de sociedad que ponen en el primer lugar el bien de unos pocos por encima de la mayoría.

Mientras el poder político, que debe buscar el bien de todos, esté sometido al poder económico no habrá alimento y mucho menos una vida buena para aquellos millones de hambrientos.

Hacen falta políticos graduados en humanismo y personas de buena voluntad que trabajen por humanizar la economía, poniéndola al servicio de todos los seres humanos, y no solo de unos pocos.

Hay alimentos para todos

Hoy no hay carencia de alimentos. Gracias a los avances técnicos, hoy, la producción de alimentos es mayor que el crecimiento de la población mundial. Lo que ha pasado es que a los alimentos los han convertido en un gran negocio, sin importar la vida de millones de personas. Negocio para unos pocos y hambre para millones.

Los pobres, que son más de dos mil millones, no tienen dinero suficiente para comprar lo que se comen. Los bajos salarios y el desempleo impiden el poder sentarse a la mesa, a comer dignamente.

Un mundo sin personas que mueran de hambre es posible.
Otro mundo con alimentos dignos para todos es necesario.

martes, 3 de agosto de 2010

Oración de san Francisco

Para los que aman y cuidan la casa común
Para los pacíficos que consturyen y aman la paz
Para los que creen que otro mundo es posible

Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .

Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.

Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.


Qué pasen un buen día
Oscar Lépiz