martes, 22 de mayo de 2012


         ¿Para qué políticos sin  moral?

Moral en tiempos de corrupción

                                                       Oscar Lépiz Villegas

Un día un amigo, un hombre bueno me dijo: “Oscar, no olvides, al final, la revolución  será moral o no será revolución”.

No se puede negar que hoy vivimos una profunda crisis estructural que pone en duda el sentido de la vida y el futuro de la humanidad, como lo afirma Leonardo Boff.
De todos nosotros depende que esta crisis se convierta en una tragedia devastadora o en un nuevo resurgir.

La corrupción se extiende por todas partes como la mala hierba y hasta permea la conciencia de muchos. La ausencia de valores, que es lo mismo que decir la falta de moral en todos los estamentos de la sociedad, nos está llevando a una corrupción tal que empeora cada vez más esta crisis.

Por conveniencia, muchos han dejado de lado  la moral, que no es ocurrencia, sino  que se origina en las costumbres y en los valores, y en último término en la cultura. Esta actitud nos está llevando a un consumismo devastador y sin límites que nos convierte en seres frágiles y vulnerables, que en cualquier momento sucumbimos en las garras de la corrupción, ya que todo lo queremos de manera fácil.

En ese sentido afirma el sabio, el que está de pie vea no caiga. El dinero fácil, el afán desordenado de tener nos conduce a ser poseídos  por las cosas, y de allí a la corrupción solo queda un paso.

Hoy hay valores muy escasos, como la honradez y la honestidad que no se venden en los moles ni en los supermercados;  la carencia de estos valores y de algunos otros hace que todos estemos en la fila de los posibles corruptos.

Panorama actual
También la corrupción se ha globalizado, aparece por doquier, y por supuesto también en nuestro país; se nota en todos los sectores de la población, aunque  no  en la misma proporción ni con la misma gravedad.

Este fenómeno afecta el desarrollo de los países y causa una serie de males como la doble moral, la quiebra de instituciones, la pobreza, la contaminación del aire, ríos y mares, la destrucción de bosques y montañas, la devastación de flora y fauna, la venta del país, y una serie de injusticias que ponen en peligro toda vida.

Expertos han expresado que la gran mayoría de los costarricenses son testigos de casos y situaciones  en que funcionarios públicos pertenecientes a los tres poderes de la república, así como trabajadores de empresas  privadas se han corrompido, realizando acciones contra el ambiente, el erario público (últimamente en la carretera Juan Rafael Mora) y el derecho de los pobres a gozar de un bienestar integral, enriqueciéndose a costa de los derechos del pueblo.  

Cabe destacar en la lista anterior, a dirigentes y miembros de partidos políticos, policías, funcionarios de distintas instituciones, alcaldes, munícipes, tráficos y miembros de grupos religiosos que han sucumbido a la tentación del dinero fácil. Todas estas personas han desarrollado conductas contrarias a las expectativas que la sociedad ha puesto en ellas.

La gran tentación

Alguien había afirmado que la gran tentación para muchos políticos es la cantidad de oportunidades que se le presentan para hacer chanchullo y /o la abundancia de dinero que pasa diariamente frente a sus ojos. (Que lo digan los dos funcionarios de CONAVI investigados).

Aunque el espíritu está pronto la carne es débil. Lo único que puede sostenernos en esos momentos de debilidad es nuestra fidelidad a los principios, las buenas costumbres y los valores.

Apuntan algunos que uno de los grandes problemas que padecemos en esta sociedad consumista, es el mal manejo de las cosas, de los bienes, del tener. Siempre queremos más, consumir en exceso sin ningún límite, sin importar los medios que se utilice para lograrlo.

Algunos de los medios que más se usan son  el tráfico de influencias, el no pago de impuestos, el convertirnos en narcotraficantes o en burros, los biombos, coger dinero que no es nuestro y no cumplir con los horarios de trabajo y así poder  dedicarnos a otros negocios, entre otras cosas.

La tentación está allí, duerme y vive con nosotros, ya es parte de nuestra vida. El sistema capitalista utiliza todos los medios de comunicación existentes para provocarnos con una publicidad engañosa, publicitando carros, mansiones, últimos adelantos tecnológicos, bebidas, comidas, varones y mujeres para hacernos caer en un consumismo devastador que todo lo destruye, conduciéndonos a la tentación del dinero fácil y poniendo así en peligro nuestro bien más preciado la vida.

Moral para qué

Una de las consecuencias que más esclavizan del capitalismo globalizado y de su ideología política es la destrucción de los conceptos de moral, ética, justicia, bien común y bienestar  social entre otros.

Julio Rodríguez, en su columna En Vela de la Nación, al tocar el tema de la moral, afirma, que jugar con las palabras moralidad o inmoralidad puede ser inmoral.  Nos invita a preguntarnos si estamos usando la moral como arma política para humillar al oponente, o para ensalzar nuestras virtudes.

Destaca  también que juegan con la moral los que guardan silencio sobre los gruesos y reales problemas nacionales, y los que de pronto cobran vida ante ficticias poses de moralidad sin ahondar en los hechos.

Agrega que en tiempos de falsa moralidad, es momento de encontrar el justo medio y el sentido de lo humano, lo razonable y lo decente.

Leonardo Boff  al hablar de la crisis ética y moral que se extiende por todas partes y que ha alcanzado el corazón de la humanidad –se pregunta- ¿Quién tiene hoy suficiente autoridad para decirnos lo que todavía es bueno y malo, lo que todavía vale? Esto hace que muchos hoy se sientan muchos sientan desorientados.

La moral son guías o normas por las que se rige la conducta de un ser humano (yo, Ud. y otros), en concordancia con la sociedad y consigo mismo. La moral se relaciona con la libertad e incluye el accionar de la persona humana en todas sus manifestaciones; por eso a muchos les estorba y prefieren ignorarla, como sucede actualmente en nuestro país.

Toda cultura contiene costumbres y valores sobre el entorno que asumen aquellas personas que participan en ella, influyendo en su comportamiento y determinando en cierto modo qué conductas son apropiadas  y cuáles no.

La moral entonces incluye una serie de principios y valores que se traducen en normas de conducta, no relativas, es decir que no pueden explicarse de acuerdo a la propia conveniencia; pero sí obedeciendo a un sistema y a una cultura, explica la estudiante de sicología Beatriz Artavia.

Destaca que en estos tiempos, la moral debe tener como ejes transversales la búsqueda de la justicia, la solidaridad y el cuidado de la comunidad de vida.

Según expertos vale la pena recordar, que en una cultura también se pueden reconocer antivalores que se oponen a la justicia, la solidaridad, el bien común y la verdad, entre otros, frenando el crecimiento y la transformación de la persona y la comunidad.

Las acciones que las personas realizan, convenientes o no, son consecuencia de los principios y valores que posee.

Según Boff la moral forma parte de la vida concreta de la gente que se manifiesta por medio de costumbres, conductas y valores que se crean culturalmente. La persona es moral cuando se comporta según aquellos valores y costumbres.

Está claro entonces que las acciones que  la persona ejecuta ya sean convenientes o no se originan en los principios que tiene, transformándolos en normas de conducta individual y colectiva, que definen qué comportamientos son apropiados.

Algunos recalcan que estas normas forman la base de las actitudes y comportamientos de las personas, convirtiéndose en el origen de una educación orientada al logro de un desarrollo humano integral que forma a las personas.

Otros afirman que así como hay principios y valores en la comunidad que favorecen la realización del bien o de su contrario, también en las constituciones de las naciones existen principios políticos que permiten calificar las acciones de los gobernantes y de los políticos en general como positivas o negativas.

Es interesante reconocer que el mismo Aristóteles en su obra política destaca dos grupos de constituciones, las justas o primarias y las injustas o secundarias. Las primeras buscan el bien común, en las secundarias sus gobernantes pretenden su propio provecho, lo que sucede con frecuencia.

Concluyen señalando que el funcionario público o es honesto y honrado, no jugando a la doble moral, o mejor se retira de sus funciones para no terminar en la cárcel.

¿Qué hacer entonces?

Que hay una crisis ética y moral que confunde, nadie lo niega.  Muchos son los que se sienten confundidos y hasta perdidos, no en encontrando en quien confiar.

El mal ejemplo de los que gobiernan, de los que crean leyes e imparten “justicia, afecta en gran manera a los pusilánimes, a la gente de ánimo pequeño, los debilita y los hace cada vez más vulnerables.

Muchos exigen en nuestro país que los políticos que cometen acciones como éstas, no sólo deben ser destituidos de sus cargos para siempre, sino también encarcelados.

No cabe duda que en la esfera de lo público hay que rescatar y defender la importancia y la práctica de los principios morales y de los valores, a la hora de trabajar en la función pública. Encaso de duda se debe acudir a la ayuda de profesionales en sicología que confirmen la existencia o la ausencia de aquellos valores y de posibles conductas delictivas.

La corrupción se puede y se debe combatir. Desde el kínder y la escuela hasta el colegio y la universidad, se debe fomentar  y defender valores como la honestidad, la honradez, la generosidad y la solidaridad, entre otros, recreándolos y ajustándolos a la época actual, formando hombres y mujeres que sepan ser libres y responsables.

Es importante convencernos que otra sociedad es posible, distinta a la actual, donde lo prioritario sea el ser y no el tener. Donde las cosas estén al servicio de la persona y no ésta al servicio de las cosas.

Se impone una revolución moral y ética, conducida por mujeres y hombres buenos, que los hay, pero que tienen que brillar más para escogerlos como  guías para que trabajen junto con el pueblo, por los caminos de la justica, la equidad y el respeto de los derechos humanos.

Esa revolución debe llevarse a cabo, de manera especial, en los tres poderes de la república, donde sus integrantes se elijan no por partidismo político, como generalmente sucede, sino por principios y valores, por  ciencia y por el compromiso con el pueblo.  De comprobarse lo contrario en sus funciones deben ser expulsados.

La preocupación política por excelencia debe ser el rescate del bien común, el bienestar de todos y no el bien de unos pocos, como actualmente sucede. Se debe asegurar la participación y la cooperación de todos en la creación de aquel bien, pues todos tenemos derecho a bienes como la alimentación, la educación, la casa, la salud, la energía  y la seguridad, como también el reconocimiento, el respeto y la coexistencia pacífica, como lo plantea Leonardo Boff.

¡Cuidado! No nos expongamos, como pueblo, a la tentación del dinero fácil y al consumo insaciable que nos conducen a la corrupción. Tenemos que poner límites a nuestro consumo, o sea consumir responsablemente, buscando la justa medida y consumiendo con moderación.

Faltar a la moral es despreciar los límites, no reconocer que somos vulnerables y que podemos caer en la tentación.

El que está de pie cuídese no caiga. Este es el momento de las mujeres y de los  hombres valientes, honrados y honestos. Si sientes que las cosas te están poseyendo, que no puedes vivir sin el consumo desmedido, busca ayuda, pues no sólo podrías perder tu dignidad, sino también terminar en la cárcel.