martes, 28 de mayo de 2013


           Según informes de la ONU

Centenares de niños asesinados por aviones estadounidenses en Afganistán

                                                                                        Oscar Lépiz Villegas

                                                                           

                                                      “Estoy convencido de que la matanza

                                                        bajo el manto de la guerra no es otra

                                                        que un acto de asesinato”

                                                                                                 Albert Einstein

                                                         

Mientras en Boston muere un niño de ocho años en la clausura de la Maratón, en Afganistán, centenares de niños de todas las edades son asesinados por ataques de aviones estadounidenses.

Las transnacionales de la información llenaron el mundo y las mentes de la gente con los detalles de aquel atentado, mientras apenas mencionaron la masacre en aquel país  asiático.

El 15 de abril Estados Unidos lloró y condenó la muerte de aquel niño, pero poco ha llorado por los niños asesinados por pilotos de sus fuerzas aéreas.

Importante que nos preguntemos: ¿Cuál ha sido nuestro comportamiento ante aquella  matanza en el país asiático?

Guerra inhumana

Con la “Operación Libertad duradera”, el 7 de octubre del 2001, fuerzas militares de los Estados Unidos iniciaron una más de sus detestables  e inhumanas guerras en Afganistán, llenando este país, uno de los más pobres del planeta tierra, con destrucción, dolor y muerte de gente inocente.

Esta invasión y ocupación se emprende  -según voceros del Pentágono-  como respuesta a los atentados y muertes del 11 de abril del 2001, con el fin de encontrar y juzgar a Osama bin Laden y otros dirigentes de Al Qaeda, y derrocar al régimen Talibán que les daba apoyo y refugio.  En esta guerra liderada por EEUU con la cooperación de países aliados participaron unos 28 mil militares.

Ésta actitud consecuencia de la política guerrerista de George Bush no hace distinción entre organismos terroristas y naciones o gobiernos que les brindan asilo.

Más tarde esta guerra se fortaleció con la operación Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, creada por las Naciones Unidas y liderada por la OTAN (Organización del Atlántico Norte), que contó con unos 64500 soldados de 42 países.

La verdad es que se contaba con recursos suficientes, humanos, materiales y de última tecnología que han facilitado la destrucción de un país y el asesinato de miles de civiles inocentes, incluidos niños, jóvenes y adultos mayores.

Niños asesinados

La OTAN en un comunicado reciente admitió haber matado dos niños por error, al confundirlos con insurgentes. ¿A cuántos habrán matado en casi once años de guerra, confundiéndolos con terroristas?

En otras ocasiones no los confunden pero los siguen matando, apoyándose sobre todo en la moral. En ese sentido James S. Robbins, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de la Defensa –afirmó- que “cualquier muerte de civiles ocasionada por las bombas aliadas son muertes involuntarias”.

Agregó que EEUU utiliza instrumentos y medios humanos para bombardear regularmente hasta la muerte a civiles afganos, destacando que la campaña aérea aliada está demostrando lo moral que puede ser una guerra.

Por su parte la ONU culpó a Estados Unidos (08-02-20013) por haber matado a cientos de niños en operaciones realizadas por su aviación. Este organismo está alarmado por la ausencia de importantes medidas preventivas por parte de aquel país, y por el uso indiscriminado de la fuerza en sus ataques.

El Comité de los Derechos Humanos del Niño de la ONU resaltó que la cantidad de muertes infantiles causadas por efectivos de Estados Unidos se duplicó entre el 2010 y el 2011, a pesar de que Washington informó de descenso de muertos en los dos últimos años.

Muertos “valiosos” que son noticia

¿Qué hace que unos muertos sean noticia y otros no? ¿Por qué el niño muerto en Boston impresiona y destaca más en los medios que los niños asesinados en Afganistán?

Expertos se preguntan, ¿por qué los medios occidentales, incluidos los nuestros, parecieran tomar partido con sus publicaciones  en favor de Estados Unidos?

Lo cierto es que el dolor y el llanto por niños y civiles muertos no tienen color ni nacionalidad. Es justo y humano llorar y lamentarse por la muerte de un niño y los adultos heridos en Boston. Pero también sería humano que los que han llorado y se han dolido por aquella tragedia, también condenen y se solidaricen con la muerte injusta de los cientos de niños afganos.

Esa guerra inhumana conducida por EEUU y apadrinada por el Consejo de Seguridad de la ONU, aparte de los niños asesinados, heridos y torturados, ha dejado a más de 20 mil civiles afganos muertos, muchos de ellos papás, abuelos y hermanos.

El periodista Luís Arce Borja del Bolpress ha sintetizado toda esta tragedia, esta situación de muerte, señalando que “la vida y la muerte tienen diferente dimensión, importancia en el  mundo capitalista. La revalorización del ser humano es una aberración originada por la perversión enajenante del sistema imperialista”.

Arce destacó que los responsables de todas estas muertes por parte de las fuerzas armadas no siempre rinden cuentas, ni atienden las quejas de los familiares de las víctimas.  

En ese sentido especialistas de la ONU enfatizaron en la protección que Estados Unidos debe garantizar  a los civiles, especialmente a los menores, evitando las muertes en sus ataques.

Quisiera terminar esta nota, cuyo énfasis ha sido el asesinato de centenares de niños afganos por ataques de aviones norteamericanos y la muerte del niño de Boston, resultado de un ataque terrorista, con un comentario maquiavélico de Florentino Portero, analista del Grupo de estudios estratégicos: “los ataques realizados por aviones no tripulados (Minidrones) equipados con misiles y dirigidos desde Tampa (Florida), siempre fueron precisos y su capacidad de matar constituyó una revolución en asuntos militares”.

Ante este comentario, es importante que nos preguntemos, ¿en manos de quien dejamos la vida y el futuro de nuestro planeta tierra, nuestra casa común?

 

 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Fertilización in vitro


Fertilización: un derecho humano y no un acto de fe

                                                                    Oscar Lépiz Villegas

¿Seguirá el Estado costarricense burlándose de los derechos humanos de las minorías? Ahora el reclamo de la Corte Interamericana de Derechos humanos depende de unos cuantos diputados que se dicen creyentes.

¿Tiene sentido, en pleno siglo XXI, que las creencias religiosas impidan el cumplimiento y el respeto de los derechos humanos?

Está claro, que cualquier diputado puede tener sus propias creencias, sí así  lo ha decidido. Lo que no está claro es que basados en ellas aprovechen su puesto para imponer a otras personas su posición religiosa, o para boicotear proyectos, que según ellos no están de acuerdo con su credo religioso.

La fe es un asunto personal, libre que no se impone.  “El que quiera seguirme, que me siga”, dijo el  Maestro. Existe la invitación a la fe, cada uno verá si la acepta o la rechaza.

Si determinado proyecto que llega a la Asamblea, por ejemplo, el de la Fertilización in vitro (FIV), va contra las creencias de determinados diputados, que lo manifiesten y que se abstengan de votarlo favorablemente. Eso es lo que deben hacer.  Pero invocar su fe y boicotear el proyecto, impidiendo su aprobación por motivos religiosos, eso  es una aberración y un irrespeto a los derechos de los demás.

Los que hace unos años creían tener la potestad de decidir lo que era bueno o malo, y eran considerados por muchos como modelos de valores y jueces de la moral y la ética, hoy han perdido sus credenciales al caer en lamentables abusos e injusticias, causando en grandes mayorías confusión, duda y pérdida de rumbo.

 

La Corte Interamericana de Derechos humanos condenó al Estado costarricense, el 20 de diciembre del 2012, por prohibir la FIV, pues no contaba con una ley que la pusiera en vigencia.

De acuerdo con la misma Corte, a finales de junio de este año, el Estado debe comunicarle de los avances de este proceso. Todo parece indicar que en la Asamblea no se han dado los progresos deseados, gracias a la oposición de algunos diputados, que guiados por sus creencias lo han frenado, confundiendo  el recinto legislativo con su templo y la curul con el púlpito.

Zapatero a su zapato. Pastores no confundan el hambre con la hinchazón. Una cosa es la fe, que es un acto libre, y otra la imposición y el irrespeto de los derechos humanos.

La fe es una invitación, que se acepta o se rechaza libremente. Ante este ofrecimiento  existen diferentes opciones y distintas maneras de seguir.

El Estado costarricenses tiene un compromiso con La CIDH, que incluye el derecho a la procreación y a la formación de una familia;  hoy depende  de nuestros diputados,  representantes populares, no solo su respeto sino también la garantía de  su cumplimiento, independientemente de su credo religioso.

La presidenta Laura Chinchilla había advertido que su Gobierno no frenaría un proyecto de ley que permitiera en el país la práctica de la FIV, pese al llamado del entonces  papa Benedicto XVI para que  se prohibiera la aplicación de este método reproductivo.

Ahora la presidenta se lava las manos al mandar el proyecto nuevamente a la Asamblea haciendo depender su aprobación de unos cuantos diputados fundamentalistas.

La FIV es un derecho humano que está por encima de cualquier creencia religiosa y de cualquier posición de partido.

 

¡Qué  dices Cristo de esos pastores que creen que tienen el monopolio de la verdad y que quieren tapar el sol con un dedo!

 

Fertilización in vitro


Fertilización: un derecho humano y no un acto de fe

                                                                    Oscar Lépiz Villegas

¿Seguirá el Estado costarricense burlándose de los derechos humanos de las minorías? Ahora el reclamo de la Corte Interamericana de Derechos humanos depende de unos cuantos diputados que se dicen creyentes.

¿Tiene sentido, en pleno siglo XXI, que las creencias religiosas impidan el cumplimiento y el respeto de los derechos humanos?

Está claro, que cualquier diputado puede tener sus propias creencias, sí así  lo ha decidido. Lo que no está claro es que basados en ellas aprovechen su puesto para imponer a otras personas su posición religiosa, o para boicotear proyectos, que según ellos no están de acuerdo con su credo religioso.

La fe es un asunto personal, libre que no se impone.  “El que quiera seguirme, que me siga”, dijo el  Maestro. Existe la invitación a la fe, cada uno verá si la acepta o la rechaza.

Si determinado proyecto que llega a la Asamblea, por ejemplo, el de la Fertilización in vitro (FIV), va contra las creencias de determinados diputados, que lo manifiesten y que se abstengan de votarlo favorablemente. Eso es lo que deben hacer.  Pero invocar su fe y boicotear el proyecto, impidiendo su aprobación por motivos religiosos, eso  es una aberración y un irrespeto a los derechos de los demás.

Los que hace unos años creían tener la potestad de decidir lo que era bueno o malo, y eran considerados por muchos como modelos de valores y jueces de la moral y la ética, hoy han perdido sus credenciales al caer en lamentables abusos e injusticias, causando en grandes mayorías confusión, duda y pérdida de rumbo.

 

La Corte Interamericana de Derechos humanos condenó al Estado costarricense, el 20 de diciembre del 2012, por prohibir la FIV, pues no contaba con una ley que la pusiera en vigencia.

De acuerdo con la misma Corte, a finales de junio de este año, el Estado debe comunicarle de los avances de este proceso. Todo parece indicar que en la Asamblea no se han dado los progresos deseados, gracias a la oposición de algunos diputados, que guiados por sus creencias lo han frenado, confundiendo  el recinto legislativo con su templo y la curul con el púlpito.

Zapatero a su zapato. Pastores no confundan el hambre con la hinchazón. Una cosa es la fe, que es un acto libre, y otra la imposición y el irrespeto de los derechos humanos.

La fe es una invitación, que se acepta o se rechaza libremente. Ante este ofrecimiento  existen diferentes opciones y distintas maneras de seguir.

El Estado costarricenses tiene un compromiso con La CIDH, que incluye el derecho a la procreación y a la formación de una familia;  hoy depende  de nuestros diputados,  representantes populares, no solo su respeto sino también la garantía de  su cumplimiento, independientemente de su credo religioso.

La presidenta Laura Chinchilla había advertido que su Gobierno no frenaría un proyecto de ley que permitiera en el país la práctica de la FIV, pese al llamado del entonces  papa Benedicto XVI para que  se prohibiera la aplicación de este método reproductivo.

Ahora la presidenta se lava las manos al mandar el proyecto nuevamente a la Asamblea haciendo depender su aprobación de unos cuantos diputados fundamentalistas.

La FIV es un derecho humano que está por encima de cualquier creencia religiosa y de cualquier posición de partido.

 

¡Qué  dices Cristo de esos pastores que creen que tienen el monopolio de la verdad y que quieren tapar el sol con un dedo!

 

viernes, 22 de febrero de 2013


Grasas, sal y aditivos químicos

Comida basura también produce adicción

                                                                          Oscar Lépiz Villegas

¿Sabía Ud. que el comer compulsivamente comida chatarra o basura, servida principalmente en los restaurantes “fast food”, activa los mismos mecanismos moleculares del cerebro que favorecen el consumo de las drogas? La realidad, según científicos, es que Ud. se puede convertir en adicto a esa “comida”.

De acuerdo con una investigación realizada por The Scrips Research Institute de Estados Unidos, esta comida se hace necesaria para los que frecuentan estos negocios. Así como hay adictos a las drogas, al trabajo, también los hay a la comida basura. Por eso lo que esos expendios pretenden a través de la publicidad es que vuelvas y con frecuencia.

Si bien la comida rápida ya se servía en la antigua Roma en lugares callejeros (panes con olivas) y en el Medio Oriente (falátel), fue en 1912, cuando se abrió el primer “automat”, local que vendía comida detrás de una ventana y una ranura para pagar.

Algunos han llamado a este conjunto de comidas cargadas con excesiva sal, grasas, melazas y aditivos, el verdadero eje del mal, que flagela y enferma, especialmente a los más jóvenes.

Más temprano que tarde estas comidas producen una serie de enfermedades, entre las que destacan según especialistas en salud, alergias, hiperactividad, cáncer, tumores cerebrales, parkinson, esterilidad y enfermedades cardiovasculares, entre otras.

 

Comida basura

Todos los seres vivos necesitamos comida sana, nutritiva y en cantidad y componentes apropiados, que nos  aseguren calidad de vida, salud y no enfermedad.

Al comer comida basura lo que estamos consumiendo es una cantidad excesiva de grasas, sal, azúcar, colesterol y grandes cantidades de aditivos químicos, potenciadores del sabor y del color, que provocan sed y las ganas de beber (refrescos).

Se trata de un “alimento” que no solo encontramos en los restaurantes de comida rápida, sino también en muchos productos precocinados y enlatados, refrescos, salsas y en muchos otros artículos que adquirimos en el supermercado.

Atiborramos nuestro cuerpo de comida basura, pensando más en el tiempo que ahorramos y en las apariencias que en las consecuencias negativas para nuestra salud.

Al vivir en una sociedad caracterizada por la prisa y las carreras, esta manera de vivir afecta nuestra alimentación; así dedicamos menos tiempo a la preparación de la comida que nos alimenta, y echamos mano, muy a menudo, a alimentos grasosos, cargados de sal y aditivos, que más temprano que tarde  nos pasarán la factura.

De acuerdo con expertos un combo grande de comida basura (hamburguesa doble con queso, papas fritas, bebidas y postre), puede contener unas 2200 calorías que requerirán correr una maratón para gastarlas.

La comida basura es una mercancía más, que para obtener grandes ganancias se debe vender a gran escala, sin importar su valor nutritivo; lo que realmente importa es lograr el mayor consumo posible de parte de la población, para incrementar el lucro.

Abundancia de sal y  grasas

Uno de los componentes pesados de esta clase de comidas, que repercuten seriamente en la salud, es la sal, considerada como un gran condimento. Decía alguien por ahí que comerse una hamburguesa y unas papas fritas sin sal, es como comer pedazos de cartón; sería algo desagradable. La comida basura está sobrecargada de sal, y esto con una intencionalidad: la de producir sed.

De esta manera las compañías de comida chatarra aseguran que sus comensales no puedan seguir engullendo “aquel delicado platillo,” si no tienen a mano refrescos. Todo está calculado. Entre más sal, más sed, más negocio, y más daño a la salud.

Al generar sed, la sal se convierte en un generador más de utilidades para las empresas de comida basura.  

Según especialistas en salud las grasas son importantes, pero nunca en las cantidades como las que se encuentran en la comida basura. Es reconocido por científicos que la gran cantidad de grasas, sobre todo  las trans-saturadas que caracterizan estas comidas, tienen una correlación directa con la obesidad y otras enfermedades.

Comida basura y aditivos químicos

Según nutricionistas más que alimentos, lo que ingerimos y bebemos, en su gran mayoría, son grandes dosis de aditivos químicos, entre los que destacan conservantes, colorantes, estabilizantes, espesantes, reguladores de acidez, almidones modificados, antioxidantes,y potenciadores del sabor, que alteran el alimento en función de los intereses económicos de la industria. Se trata de hacer dinero a costa de la salud. 

De esta manera se destacan tres cosas muy importantes para los consumidores: darle al producto un olor más atractivo, brindarle la apariencia de recién hecho, y coronarlo con un intenso sabor.

El objetivo de todo esto es lograr ventas masivas para multiplicar las ganancias.

Según Mario Chávez, biólogo de la Universidad Xaveriana de Colombia, con la firma de los tratados de libre comercio han entrado a nuestros países miles de productos de comida basura, acompañados de grandes cantidades de aditivos químicos que ponen en riesgo nuestra salud.

Los más afectados por estas sustancias son nuestros hijos, ya que las dosis de estos aditivos se pensaron para personas entre 60 y 70 kilos; pero lo más grave es que nuestros niños menores también los consumen, pesando apenas entre 20 y 30 kilos, lo que triplica los daños a su salud.  

Consecuencias para el cerebro

Un cerebro mal alimentado, que no ha recibido los nutrientes necesarios y la oxigenación adecuada para responder a sus exigencias, empieza a presentar problemas a nivel cognitivo. En ese sentido se habla de niños con dificultades de comprensión, en lectoescritura y en el campo de los números.

Se trata entonces de un asunto relacionado con una mala alimentación, con la comida basura y no de un problema cerebral.

Expertos enfatizan que un  cerebro mal alimentado no rinde de manera óptima y comienza a presentar problemas en el área del conocimiento.

Glucosa, hidratos de carbono de absorción lenta, pastas integrales, cereales, y legumbres, entre otros, son los nutrientes que el cerebro necesita digerir, para alcanzar la energía necesaria que asegure el bienestar mental y emocional.

Especialistas en salud hacen un llamado a maestros y profesores para que reflexionen con alumnos y padres de familia sobre la importancia y necesidad de una sana alimentación, que proporcione al cerebro los nutrientes  requeridos que favorezcan un trabajo eficiente en el campo del conocimiento.

Declaraciones de científicos estadounidenses destacan que al ingerir de manera compulsiva comida basura, se activan los mismos mecanismos cerebrales que favorecen el consumo de drogas duras, como la cocaína o la heroína.

Aseguran  también que el desarrollo de la obesidad encaja con el progresivo deterioro de los circuitos cerebrales de la recompensa, parecidos a los que se han observado en casos de dependencia a aquellas drogas.

Somos lo que comemos. Si consumimos productos elaborados con altas dosis de edulcorantes, colorantes, pesticidas y fitosanitarios, entre  otros, que nos convierten en adictos a la comida basura, que no alimenta, más temprano que tarde, experimentaremos serias consecuencias en nuestra salud.

Nutricionistas señalan también que comer una hamburguesa, una pizza o algún plato precocinado de vez en cuando no conlleva, en general, ningún riesgo a nuestra salud, pero integrar esa clase de comida en nuestra dieta habitual, si afectaría nuestra salud.

Otras consecuencias

Investigaciones recientes destacan que el consumo continuo de aditivos químicos presentes en la comida chatarra puede provocar alergias, hiperactividad infantil, y situaciones de sobrepeso, que se han incrementado en los últimos años.

De  acuerdo con una investigación realizada en la Universidad Southampton, a petición de la Agencia de Estándares Alimentarios de Gran Bretaña, y divulgada en The Lancet, se comprobó la relación entre el consumo de ciertos aditivos químicos, por parte de niñas y niñas con el incremento de la hiperactividad.

La periodista francesa Marie  Monique Robin, en su artículo “Nuestro veneno cotidiano” informó de  las consecuencias en nuestro organismo de una agricultura adicta a los fitosanitarios y de una industria alimentaria enganchada a los aditivos químicos.

El resultado es claro: incremento de enfermedades como el cáncer, tumores cerebrales, esterilidad, parkinson … producto, entre otros,  de un modelo agrícola alimentario sometido a los intereses del capital.

Uno se pregunta, cómo es posible que la industria agroalimentaria siga empleando un edulcorante no calórico como lo es el aspartamo, en productos light, 0,0% sin azúcar, cuando se ha comprobado que su consumo persistente puede provocarnos cáncer.

A cada uno de nosotros le  toca escoger, o disfrutamos con los seres queridos una vida sana, con calidad, consumiendo los alimentos adecuados y en cantidades apropiadas (lácteos: leche, yogurt, quesos), vegetales y frutas de estación, entre otros,) o morimos en una cama, de alguna enfermedad cardiovascular, o de una cáncer en el estomago, por citar solo dos males, consecuencia de la comida basura. (grasas, sal, colorantes, aditivos químicos, preservantes …).

Profesores y maestros, no olviden que su compromiso educativo con los estudiantes y padres de familia, se relaciona también con la elección de una sana alimentación, que brinde al cerebro los nutrientes requeridos y la oxigenación adecuada, que aseguren un apropiado trabajo intelectual y emociónal, y una vida con calidad.

¡De lo que se trata es de querer vivir, o de escoger morir!