Grasas,
sal y aditivos químicos
Comida
basura también produce adicción
Oscar Lépiz Villegas
¿Sabía
Ud. que el comer compulsivamente comida chatarra o basura, servida
principalmente en los restaurantes “fast food”, activa los mismos mecanismos
moleculares del cerebro que favorecen el consumo de las drogas? La realidad,
según científicos, es que Ud. se puede convertir en adicto a esa “comida”.
De
acuerdo con una investigación realizada por The Scrips Research Institute de
Estados Unidos, esta comida se hace necesaria para los que frecuentan estos
negocios. Así como hay adictos a las drogas, al trabajo, también los hay a la
comida basura. Por eso lo que esos expendios pretenden a través de la
publicidad es que vuelvas y con frecuencia.
Si
bien la comida rápida ya se servía en la antigua Roma en lugares callejeros
(panes con olivas) y en el Medio Oriente (falátel), fue en 1912, cuando se
abrió el primer “automat”, local que vendía comida detrás de una ventana y una
ranura para pagar.
Algunos
han llamado a este conjunto de comidas cargadas con excesiva sal, grasas,
melazas y aditivos, el verdadero eje del mal, que flagela y enferma,
especialmente a los más jóvenes.
Más
temprano que tarde estas comidas producen una serie de enfermedades, entre las
que destacan según especialistas en salud, alergias, hiperactividad, cáncer,
tumores cerebrales, parkinson, esterilidad y enfermedades cardiovasculares,
entre otras.
Comida
basura
Todos
los seres vivos necesitamos comida sana, nutritiva y en cantidad y componentes
apropiados, que nos aseguren calidad de
vida, salud y no enfermedad.
Al
comer comida basura lo que estamos consumiendo es una cantidad excesiva de
grasas, sal, azúcar, colesterol y grandes cantidades de aditivos químicos,
potenciadores del sabor y del color, que provocan sed y las ganas de beber
(refrescos).
Se
trata de un “alimento” que no solo encontramos en los restaurantes de comida
rápida, sino también en muchos productos precocinados y enlatados, refrescos,
salsas y en muchos otros artículos que adquirimos en el supermercado.
Atiborramos
nuestro cuerpo de comida basura, pensando más en el tiempo que ahorramos y en
las apariencias que en las consecuencias negativas para nuestra salud.
Al
vivir en una sociedad caracterizada por la prisa y las carreras, esta manera de
vivir afecta nuestra alimentación; así dedicamos menos tiempo a la preparación
de la comida que nos alimenta, y echamos mano, muy a menudo, a alimentos
grasosos, cargados de sal y aditivos, que más temprano que tarde nos pasarán la factura.
De
acuerdo con expertos un combo grande de comida basura (hamburguesa doble con
queso, papas fritas, bebidas y postre), puede contener unas 2200 calorías que
requerirán correr una maratón para gastarlas.
La
comida basura es una mercancía más, que para obtener grandes ganancias se debe
vender a gran escala, sin importar su valor nutritivo; lo que realmente importa
es lograr el mayor consumo posible de parte de la población, para incrementar
el lucro.
Abundancia
de sal y grasas
Uno
de los componentes pesados de esta clase de comidas, que repercuten seriamente
en la salud, es la sal, considerada como un gran condimento. Decía alguien por
ahí que comerse una hamburguesa y unas papas fritas sin sal, es como comer
pedazos de cartón; sería algo desagradable. La comida basura está sobrecargada
de sal, y esto con una intencionalidad: la de producir sed.
De
esta manera las compañías de comida chatarra aseguran que sus comensales no puedan
seguir engullendo “aquel delicado platillo,” si no tienen a mano refrescos.
Todo está calculado. Entre más sal, más sed, más negocio, y más daño a la
salud.
Al
generar sed, la sal se convierte en un generador más de utilidades para las
empresas de comida basura.
Según
especialistas en salud las grasas son importantes, pero nunca en las cantidades
como las que se encuentran en la comida basura. Es reconocido por científicos que
la gran cantidad de grasas, sobre todo las trans-saturadas que caracterizan estas
comidas, tienen una correlación directa con la obesidad y otras enfermedades.
Comida
basura y aditivos químicos
Según
nutricionistas más que alimentos, lo que ingerimos y bebemos, en su gran
mayoría, son grandes dosis de aditivos químicos, entre los que destacan conservantes,
colorantes, estabilizantes, espesantes, reguladores de acidez, almidones
modificados, antioxidantes,y potenciadores del sabor, que alteran el alimento
en función de los intereses económicos de la industria. Se trata de hacer
dinero a costa de la salud.
De
esta manera se destacan tres cosas muy importantes para los consumidores: darle
al producto un olor más atractivo, brindarle la apariencia de recién hecho, y
coronarlo con un intenso sabor.
El
objetivo de todo esto es lograr ventas masivas para multiplicar las ganancias.
Según
Mario Chávez, biólogo de la Universidad Xaveriana de Colombia, con la firma de
los tratados de libre comercio han entrado a nuestros países miles de productos
de comida basura, acompañados de grandes cantidades de aditivos químicos que
ponen en riesgo nuestra salud.
Los
más afectados por estas sustancias son nuestros hijos, ya que las dosis de estos
aditivos se pensaron para personas entre 60 y 70 kilos; pero lo más grave es
que nuestros niños menores también los consumen, pesando apenas entre 20 y 30
kilos, lo que triplica los daños a su salud.
Consecuencias
para el cerebro
Un
cerebro mal alimentado, que no ha recibido los nutrientes necesarios y la
oxigenación adecuada para responder a sus exigencias, empieza a presentar
problemas a nivel cognitivo. En ese sentido se habla de niños con dificultades
de comprensión, en lectoescritura y en el campo de los números.
Se
trata entonces de un asunto relacionado con una mala alimentación, con la
comida basura y no de un problema cerebral.
Expertos
enfatizan que un cerebro mal alimentado
no rinde de manera óptima y comienza a presentar problemas en el área del
conocimiento.
Glucosa,
hidratos de carbono de absorción lenta, pastas integrales, cereales, y
legumbres, entre otros, son los nutrientes que el cerebro necesita digerir, para
alcanzar la energía necesaria que asegure el bienestar mental y emocional.
Especialistas
en salud hacen un llamado a maestros y profesores para que reflexionen con
alumnos y padres de familia sobre la importancia y necesidad de una sana
alimentación, que proporcione al cerebro los nutrientes requeridos que favorezcan un trabajo
eficiente en el campo del conocimiento.
Declaraciones
de científicos estadounidenses destacan que al ingerir de manera compulsiva
comida basura, se activan los mismos mecanismos cerebrales que favorecen el
consumo de drogas duras, como la cocaína o la heroína.
Aseguran también que el desarrollo de la obesidad
encaja con el progresivo deterioro de los circuitos cerebrales de la
recompensa, parecidos a los que se han observado en casos de dependencia a
aquellas drogas.
Somos
lo que comemos. Si consumimos productos elaborados con altas dosis de
edulcorantes, colorantes, pesticidas y fitosanitarios, entre otros, que nos convierten en adictos a la
comida basura, que no alimenta, más temprano que tarde, experimentaremos serias
consecuencias en nuestra salud.
Nutricionistas
señalan también que comer una hamburguesa, una pizza o algún plato precocinado
de vez en cuando no conlleva, en general, ningún riesgo a nuestra salud, pero
integrar esa clase de comida en nuestra dieta habitual, si afectaría nuestra
salud.
Otras
consecuencias
Investigaciones recientes destacan que el consumo continuo de aditivos
químicos presentes en la comida chatarra puede provocar alergias, hiperactividad
infantil, y situaciones de sobrepeso, que se han incrementado en los últimos
años.
De acuerdo con una investigación
realizada en la Universidad Southampton, a petición de la Agencia de Estándares
Alimentarios de Gran Bretaña, y divulgada en The Lancet, se comprobó la
relación entre el consumo de ciertos aditivos químicos, por parte de niñas y
niñas con el incremento de la hiperactividad.
La periodista francesa Marie Monique
Robin, en su artículo “Nuestro veneno cotidiano” informó de las consecuencias en nuestro organismo de una
agricultura adicta a los fitosanitarios y de una industria alimentaria enganchada
a los aditivos químicos.
El resultado es claro: incremento de enfermedades como el cáncer, tumores
cerebrales, esterilidad, parkinson … producto, entre otros, de un modelo agrícola alimentario sometido a
los intereses del capital.
Uno se pregunta, cómo es posible que la industria agroalimentaria siga
empleando un edulcorante no calórico como lo es el aspartamo, en productos light,
0,0% sin azúcar, cuando se ha comprobado que su consumo persistente puede
provocarnos cáncer.
A cada uno de nosotros le toca
escoger, o disfrutamos con los seres queridos una vida sana, con calidad,
consumiendo los alimentos adecuados y en cantidades apropiadas (lácteos: leche,
yogurt, quesos), vegetales y frutas de estación, entre otros,) o morimos en una
cama, de alguna enfermedad cardiovascular, o de una cáncer en el estomago, por
citar solo dos males, consecuencia de la comida basura. (grasas, sal,
colorantes, aditivos químicos, preservantes …).
Profesores y maestros, no olviden que su compromiso educativo con los
estudiantes y padres de familia, se relaciona también con la elección de una
sana alimentación, que brinde al cerebro los nutrientes requeridos y la
oxigenación adecuada, que aseguren un apropiado trabajo intelectual y emociónal,
y una vida con calidad.
¡De lo que se trata es de querer vivir, o de escoger morir!
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