La Patria que soñé
Oscar Lépiz Villegas
Soñé que podía soñar. Soñé sueños de libertad, de justicia, de solidaridad y de equidad. Soñé entonces con una patria nueva, diferente, con un proyecto de país, con políticos diferentes, que anteponían los intereses del pueblo a los intereses de sus partidos.
Soñé también que los sindicatos, cada uno con su propia identidad, se unían y trabajaban en torno a aquel proyecto buscando lo mejor para los trabajadores y para el pueblo; lo mismo hacían los distintos grupos religiosos, comprometidos en un trabajo ecuménico, trabajaban por el bien de sus comunidades y de la nación, inspirándose y fortaleciéndose con las enseñanzas y valores de sus orígenes.
En el sueño soplaban vientos de cambio por todo el país, despojando a los ciudadanos, niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad e instituciones de prejuicios, egoísmos, indiferencias y programaciones. Todos colaboraban para que aquel proyecto se hiciera realidad, gobierno, poderes, familia, comunidades cristianas, escuelas y colegios, universidades y distintos grupos sociales. Costa Rica realmente era un país unido.
Las instituciones y por supuesto la Patria se rejuvenecían y se comprometían con entusiasmo con aquel proyecto de país, que tenía como eje fundamental a la personas humana, su cuidado y su desarrollo, sobre todo, de los más débiles y vulnerables.
Proyecto de país
En realidad no teníamos ningún proyecto de país, no sabíamos hacia dónde íbamos. Dábamos golpes al aire. Habíamos olvidado que solo caminando se hace camino. Propuestas e iniciativas de trabajo las había por todas partes, sin rumbo, dispersas y sin ninguna coordinación.
Alguien por ahí quería hacer de Costa Rica un país del primer mundo firmando tratados de “libre” comercio, en situaciones de desventaja con los países desarrollados. Se pensaba que entre más tratados se firmaran, más desarrollados íbamos a ser. Los empresarios llamaron la atención al Ejecutivo para que cesara esa carrera.
Otros abriéndose a las corrientes privatizadoras en boga, hablaban de privatizar puertos, concesionar carreteras, abriendo instituciones como el ICE a la competencia, sin preguntarnos siquiera, cuál era el país que queríamos.
Omar Dengo hubiera dicho que ese proyecto había que soñarlo, quererlo y construirlo. ¿Cómo nos imaginamos, cómo queremos que sea la Costa Rica de nuestros sueños?
Algunos ya la imaginaban como un país desarrollado, con grandes autopistas, lleno de rascacielos, con mega puertos, interconectado de norte a sur y de este a oeste por trenes modernos; y por qué no, con equipos de futbol del primer nivel, para que el nuevo estadio nacional tuviera sentido.
Otros pensaban en un país con excelentes planes de desarrollo en armonía con el ambiente, con ciudadanos responsables, jóvenes libres, pensantes y creativos, fruto de un nuevo sistema educativo personalizado, no centrado en exámenes, con profesores bien formados producto de universidades serias y académicamente excelentes. Un país que brinda a su población servicios públicos de primera: agua, educación, salud, electricidad y telecomunicaciones.
No faltaba quienes pensaban en una nación con ciudades con un desarrollo urbano ordenado, con excelente servicio de buses y de trenes. Un país con una verdadera democracia, no simplemente electoral, como lo es hasta el momento; sino con una democracia económica y social, donde el pueblo realmente tomaba decisiones.
¿Será este el país que queremos? ¿Hacia dónde estamos permitiendo que nos lleven nuestros dirigentes? Nos quejamos de la situación actual, pero los dejamos hacer.
¿Por qué se dice que es urgente tener un proyecto de país? Es necesario saber hacia dónde queremos llegar. Tener un panorama claro de nuestras necesidades y capacidades. Saber cuál es el país que queremos, para no desperdiciar nuestros recursos, nuestro tiempo, nuestros talentos.
En nuestra nación lo bueno, lo que nos puede llevar adelante se entraba y se frena, pues todo tiene color de partido. Se defiende lo indefendible y se destruye lo que realmente vale la pena.
Urgen principios y valores comunes que nos ayuden a salir de la postración social, ecológica, económica y política en que estamos. Hay cosas que remediar, pero ordenadamente, con fin: la corrupción, la inseguridad, la delincuencia, el caos vial, mal estado de caminos de calles y carreteras, pobreza, niños en las calles, prostitución infantil, desempleo; una Caja del Seguro débil, con las mismas colas de siempre en consulta externa, citas, operaciones; comunidades sin agua; un sistema educativo deficiente sin calidad; universidades que no convencen, que no pesan en el país; ciudades sin hidrantes a pesar del impuesto cobrado, y, en general, un pueblo dividido, haciéndole el juego a los políticos.
¿En qué nos ayudará tener un proyecto de país?, se preguntan los más interesados. Los expertos responden, en principio, para saber hacia dónde vamos, qué buscamos y con qué contamos; para dejar de dar golpes al vacío, para terminar con el desperdicio de recursos y para darnos cuenta que si seguimos desunidos y divididos, nada podemos hacer.
Llama la atención la opinión de un experto al afirmar que no habrá proyecto de país si no hay una memoria colectiva que permita superar las fallas, abusos, omisiones y equivocaciones en el campo de la ética (verdad y justicia en el cumplimiento de los derechos humanos, sobre todo de los excluidos), en el ámbito socioeconómico (superar las desigualdades) y en el político (buscar el bien común).
Tendrá que ser un proyecto de país que beneficie a todos a través de un crecimiento sostenido y un reparto equitativo de la riqueza; que propicie el desarrollo de la nación que queremos, donde la paz que anhelamos sea fruto de la justicia, del respeto de los derechos de todos.
Un proyecto que promueva la productividad, el trabajo digno y bien remunerado, así como la seguridad económica para todos. Además un proyecto que exija y comprometa a las autoridades políticas a administrar la riqueza del país con justicia, para que toda la comunidad nacional pueda cubrir sus necesidades básicas.
Un proyecto que propicie la vivienda digna para los que no la tienen, suficiente oferta de bienes de consumo, buenos servicios públicos (agua, salud, transporte, educación, entre otros) para toda la comunidad nacional.
Los especialistas de las universidades públicas y privadas están llamados a prestar un gran servicio a la Patria nueva, colaborando en la construcción e implementación de este proyecto.
Políticos patriotas
En el sueño pude ver a nuevos políticos con un solo norte, buscar el bien de la Patria, trabajando juntos con el pueblo para hacer realidad aquel proyecto.
Políticos con una nueva visión de partido. El partido para la Patria y no la Patria para el partido. Comprendían muy bien que los partidos políticos existían para el bien del país, y no éste para satisfacer sus intereses.
En la Asamblea Legislativa, en los ministerios y en el Poder Ejecutivo, todo era novedad, todo era diferente, todos cumplían con entusiasmo sus funciones trabajando y aportando lo mejor de sí mismos para el bienestar del pueblo.
El comportamiento y la actitud de los diputados eran diferentes, asistían con puntualidad a las sesiones, escuchando con atención las propuestas de sus compañeros, sin importar de qué partido eran. Había que verlos haciendo propuestas para mejorar los proyectos. Todos tenían muy claro que habían sido elegidos para atender las necesidades del pueblo, para asegurar, mediante la discusión y aprobación de proyectos de ley, el desarrollo del país y la perfección de la democracia.
El país iba cambiando, se iba desarrollando, el trabajo conjunto de los ciudadanos, de los políticos, de los grupos religiosos y de los integrantes de las distintas organizaciones hacía realidad aquel proyecto.
Costa Rica se estaba superando, estábamos creciendo, éramos un pueblo unido, alegre, con calidad de vida, nos estábamos desarrollando en armonía y respeto con el ambiente.
Desperté, el sueño se había disipado. Ahí estaba mi país, con su realidad, con sus políticos desgastados, con sus pobres, sus niños en las calles, sus drogadictos y alcohólicos pidiendo una monedita, sus niños y jóvenes, en su mayoría, aburridos saliendo apresuradamente de escuelas y colegios … y todo lo demás.
La patria nos necesita a todos, hombres y mujeres libres y responsables, con nuevas actitudes, unidos, con lo poco o mucho que cada uno pueda aportar, para construir el país que todos soñamos y queremos.
La Patria que soñé
Oscar Lépiz Villegas
Soñé que podía soñar. Soñé sueños de libertad, de justicia, de solidaridad y de equidad. Soñé entonces con una patria nueva, diferente, con un proyecto de país, con políticos diferentes, que anteponían los intereses del pueblo a los intereses de sus partidos.
Soñé también que los sindicatos, cada uno con su propia identidad, se unían y trabajaban en torno a aquel proyecto buscando lo mejor para los trabajadores y para el pueblo; lo mismo hacían los distintos grupos religiosos, comprometidos en un trabajo ecuménico, trabajaban por el bien de sus comunidades y de la nación, inspirándose y fortaleciéndose con las enseñanzas y valores de sus orígenes.
En el sueño soplaban vientos de cambio por todo el país, despojando a los ciudadanos, niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad e instituciones de prejuicios, egoísmos, indiferencias y programaciones. Todos colaboraban para que aquel proyecto se hiciera realidad, gobierno, poderes, familia, comunidades cristianas, escuelas y colegios, universidades y distintos grupos sociales. Costa Rica realmente era un país unido.
Las instituciones y por supuesto la Patria se rejuvenecían y se comprometían con entusiasmo con aquel proyecto de país, que tenía como eje fundamental a la personas humana, su cuidado y su desarrollo, sobre todo, de los más débiles y vulnerables.
Proyecto de país
En realidad no teníamos ningún proyecto de país, no sabíamos hacia dónde íbamos. Dábamos golpes al aire. Habíamos olvidado que solo caminando se hace camino. Propuestas e iniciativas de trabajo las había por todas partes, sin rumbo, dispersas y sin ninguna coordinación.
Alguien por ahí quería hacer de Costa Rica un país del primer mundo firmando tratados de “libre” comercio, en situaciones de desventaja con los países desarrollados. Se pensaba que entre más tratados se firmaran, más desarrollados íbamos a ser. Los empresarios llamaron la atención al Ejecutivo para que cesara esa carrera.
Otros abriéndose a las corrientes privatizadoras en boga, hablaban de privatizar puertos, concesionar carreteras, abriendo instituciones como el ICE a la competencia, sin preguntarnos siquiera, cuál era el país que queríamos.
Omar Dengo hubiera dicho que ese proyecto había que soñarlo, quererlo y construirlo. ¿Cómo nos imaginamos, cómo queremos que sea la Costa Rica de nuestros sueños?
Algunos ya la imaginaban como un país desarrollado, con grandes autopistas, lleno de rascacielos, con mega puertos, interconectado de norte a sur y de este a oeste por trenes modernos; y por qué no, con equipos de futbol del primer nivel, para que el nuevo estadio nacional tuviera sentido.
Otros pensaban en un país con excelentes planes de desarrollo en armonía con el ambiente, con ciudadanos responsables, jóvenes libres, pensantes y creativos, fruto de un nuevo sistema educativo personalizado, no centrado en exámenes, con profesores bien formados producto de universidades serias y académicamente excelentes. Un país que brinda a su población servicios públicos de primera: agua, educación, salud, electricidad y telecomunicaciones.
No faltaba quienes pensaban en una nación con ciudades con un desarrollo urbano ordenado, con excelente servicio de buses y de trenes. Un país con una verdadera democracia, no simplemente electoral, como lo es hasta el momento; sino con una democracia económica y social, donde el pueblo realmente tomaba decisiones.
¿Será este el país que queremos? ¿Hacia dónde estamos permitiendo que nos lleven nuestros dirigentes? Nos quejamos de la situación actual, pero los dejamos hacer.
¿Por qué se dice que es urgente tener un proyecto de país? Es necesario saber hacia dónde queremos llegar. Tener un panorama claro de nuestras necesidades y capacidades. Saber cuál es el país que queremos, para no desperdiciar nuestros recursos, nuestro tiempo, nuestros talentos.
En nuestra nación lo bueno, lo que nos puede llevar adelante se entraba y se frena, pues todo tiene color de partido. Se defiende lo indefendible y se destruye lo que realmente vale la pena.
Urgen principios y valores comunes que nos ayuden a salir de la postración social, ecológica, económica y política en que estamos. Hay cosas que remediar, pero ordenadamente, con fin: la corrupción, la inseguridad, la delincuencia, el caos vial, mal estado de caminos de calles y carreteras, pobreza, niños en las calles, prostitución infantil, desempleo; una Caja del Seguro débil, con las mismas colas de siempre en consulta externa, citas, operaciones; comunidades sin agua; un sistema educativo deficiente sin calidad; universidades que no convencen, que no pesan en el país; ciudades sin hidrantes a pesar del impuesto cobrado, y, en general, un pueblo dividido, haciéndole el juego a los políticos.
¿En qué nos ayudará tener un proyecto de país?, se preguntan los más interesados. Los expertos responden, en principio, para saber hacia dónde vamos, qué buscamos y con qué contamos; para dejar de dar golpes al vacío, para terminar con el desperdicio de recursos y para darnos cuenta que si seguimos desunidos y divididos, nada podemos hacer.
Llama la atención la opinión de un experto al afirmar que no habrá proyecto de país si no hay una memoria colectiva que permita superar las fallas, abusos, omisiones y equivocaciones en el campo de la ética (verdad y justicia en el cumplimiento de los derechos humanos, sobre todo de los excluidos), en el ámbito socioeconómico (superar las desigualdades) y en el político (buscar el bien común).
Tendrá que ser un proyecto de país que beneficie a todos a través de un crecimiento sostenido y un reparto equitativo de la riqueza; que propicie el desarrollo de la nación que queremos, donde la paz que anhelamos sea fruto de la justicia, del respeto de los derechos de todos.
Un proyecto que promueva la productividad, el trabajo digno y bien remunerado, así como la seguridad económica para todos. Además un proyecto que exija y comprometa a las autoridades políticas a administrar la riqueza del país con justicia, para que toda la comunidad nacional pueda cubrir sus necesidades básicas.
Un proyecto que propicie la vivienda digna para los que no la tienen, suficiente oferta de bienes de consumo, buenos servicios públicos (agua, salud, transporte, educación, entre otros) para toda la comunidad nacional.
Los especialistas de las universidades públicas y privadas están llamados a prestar un gran servicio a la Patria nueva, colaborando en la construcción e implementación de este proyecto.
Políticos patriotas
En el sueño pude ver a nuevos políticos con un solo norte, buscar el bien de la Patria, trabajando juntos con el pueblo para hacer realidad aquel proyecto.
Políticos con una nueva visión de partido. El partido para la Patria y no la Patria para el partido. Comprendían muy bien que los partidos políticos existían para el bien del país, y no éste para satisfacer sus intereses.
En la Asamblea Legislativa, en los ministerios y en el Poder Ejecutivo, todo era novedad, todo era diferente, todos cumplían con entusiasmo sus funciones trabajando y aportando lo mejor de sí mismos para el bienestar del pueblo.
El comportamiento y la actitud de los diputados eran diferentes, asistían con puntualidad a las sesiones, escuchando con atención las propuestas de sus compañeros, sin importar de qué partido eran. Había que verlos haciendo propuestas para mejorar los proyectos. Todos tenían muy claro que habían sido elegidos para atender las necesidades del pueblo, para asegurar, mediante la discusión y aprobación de proyectos de ley, el desarrollo del país y la perfección de la democracia.
El país iba cambiando, se iba desarrollando, el trabajo conjunto de los ciudadanos, de los políticos, de los grupos religiosos y de los integrantes de las distintas organizaciones hacía realidad aquel proyecto.
Costa Rica se estaba superando, estábamos creciendo, éramos un pueblo unido, alegre, con calidad de vida, nos estábamos desarrollando en armonía y respeto con el ambiente.
Desperté, el sueño se había disipado. Ahí estaba mi país, con su realidad, con sus políticos desgastados, con sus pobres, sus niños en las calles, sus drogadictos y alcohólicos pidiendo una monedita, sus niños y jóvenes, en su mayoría, aburridos saliendo apresuradamente de escuelas y colegios … y todo lo demás.
La patria nos necesita a todos, hombres y mujeres libres y responsables, con nuevas actitudes, unidos, con lo poco o mucho que cada uno pueda aportar, para construir el país que todos soñamos y queremos.
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